Quito es una ciudad única en el nuevo mundo por su vinculación con la
gesta libertaria americana: en ella ocurrieron, en pleno período
hispánico, los vigorosos y radicales levantamientos populares de las
Alcabalas y los Estancos; en ellas ejerció su magisterio trasformador
Eugenio Espejo, una de las grandes figuras de la ilustración en
América; en ella se dio el grito del 10 de agosto de 1809 y se consumó,
el 2 de agosto de 1810, el asesinato de casi todos los próceres del 10
de agosto, y, finalmente, frente a la ciudad, en una de las laderas
del
Pichincha, a la vista de la ciudad, se realizó la batalla de
Pichincha, que selló la independencia de lo que es hoy el
Ecuador. La
casa de Espejo; la de Mejía, su discípulo, el gran orador de las
Cortes de Cádiz; la de doña Manuela Cañizares, donde se reunieron los
conspiradores de agosto la víspera del 10; la celda donde la
soldadesca realista sacrificó a los patriotas y el campo de la batalla
de Pichincha son lugares que pueden visitarse. En este último se está
levantando ahora el Templo de la Patria, que será monumento
recordatorio y catacumba de los próceres de la libertad.
REVOLUCION DE LAS ALCABALAS
En julio de 1592 llegó a Quito la cédula real que ordenaba el pago del
impuesto de la alcabala -el dos por ciento a cuanto se vendiera en el
mercado y comercio-. Los miembros del Cabildo quiteño resolvieron no
aceptar el nuevo impuesto y elevar representación al rey. No tuvieron
respuesta. Entonces, el 15 de agosto, día señalado para comenzar el
cobro, el Cabildo acudió a la Audiencia con gran muchedumbre de
pueblo. Más tarde, el caudillo del pueblo, Moreno Bellido, fue tomado
preso. El pueblo lo liberó y paseó en triunfo por las
calles de Quito.
Tres semanas de aparente calma, el 4 de diciembre, la noticia de que
tropas armadas venían sobre Quito, provocó el estallido definitivo.
Quito se armó y se preparó a resistir la invasión. El asesinato de
Moreno Bellido acabó de incendiar los ánimos: el palacio de la
Audiencia fue asaltado y el presidente de la Audiencia, San Millán, a
duras penas pudo salvar su vida. A la tensa ciudad llegó un
comisionado regio y fue bien recibido. Pero a los pocos días entraron
las tropas que venían de Lima, al mando de Arana, y ejercitaron sobre
la ciudad cruel represalia. Los principales jefes de la Revolución de
las Alcabalas fueron ahorcados sin fórmula de juicio y decapitados.
Sus cabezas se expusieron en la Plaza Mayor.
En la Revolución de las Alcabalas todo el pueblo de una ciudad
protestó, hizo valer sus derechos y se alistó a la resistencia armada.
Radicalizó su reclamo hasta llegar a hablar de separarse de España.
El famoso poeta Pedro de Oña, en su epopeya "Arauco domado", cantó los
motines quiteños de finales del siglo XVI en los cantos XIV al XVI.
LA "GUERRA DE QUITO
A todo lo largo de los siglos XVII y XVIII maduró una sorda rivalidad
entre "chapetones" -como se llamaba a los españoles- y "criollos" -los
americanos, hijos o nietos de españoles-, al tiempo que crecía el
espíritu de rebeldía en los mestizos. Todos estos sentimientos
altivos, que se habían manifestado ya en la Revolución de las
Alcabalas, llegaron a su punto más alto con el levantamiento de los
Estancos que, por su magnitud y resonancia, llegó a ser llamado la
"guerra de Quito".
Hasta 1765 Quito no había tenido ni aduanas ni estancos. En ese año
dispuso el virrey de Bogotá, La Cerda, que se crease la casa de
Aduana. Ello exaltó a la gente quiteñas, y los barrios acudieron, al
son de campanas, a incendiar la casa grande de junto a la iglesia de
Santa Bárbara, que se había adquirido con tal fin. Era el mes de
junio.
El día de San Juan, una patrulla de europeos
disparó contra una partida popular en el barrio de San Sebastián,
matando a dos quiteños e hiriendo a otros. Entonces se alzaron todos
los barrios contra soldados y europeos.
Tours in Quito: fantásticos tours a sitios históricos, museos, iglesias coloniales, gallerías con hermosas artesanías y un sin número de actividades a elegir.