Iglesia La Merced
A
la basílica de la Merced se entra por la plaza del mismo nombre. Y la
mejor vista del templo se tiene desde ese lado: el gran lienzo blanco
sobre el atrio de piedra la torre cuadrangular y sólida como fuerte,
con aire arábigo en el cuerpo superior y remate; la cúpula central,
airosa, y los cuatro cupulines con linterna sobre el lienzo. Conjunto
personalísimo, de gran belleza.
La puerta de acceso tiene peculiar marco de piedra:
pilastras de nichos superpuestos, capiteles con cabezas barbudas y
encima del dintel el sol y la luna, tan caros para los canteros
indios. Sólo en 1701 se pusieron los cimientos del actual templo,
derruido el anterior, muy dañado por el terremoto de 1660. La torre se
acabó en 1736, y en 1747 se hizo la dedicación de la iglesia.
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El retablo del altar mayor se mandó a hacer por
Bernardo de Legarda, en 1751. Lo mismo las tribunas del
presbiterio que los cuatro doctores de la iglesia que adornan las
pechinas de la cúpula, son obra del maestro Uriaco.
En el nicho central del altar mayor está la Virgen de las
Mercedes, a la que Sucre rindió su espada vencedora en la Batalla
de Pichincha. Es una estatua de piedra, de tamaño natural,
estofada. Cuando las erupciones del Pichincha, los quiteños la
sacaban en procesión. |
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Hay
varias pinturas en la iglesia, las catorce
estaciones del Vía Crucis, por la Judía Pinta, y varias pinturas
por el Vencedor Mideros. El claustro principal de la iglesia de La
Merced es uno de los mas atractivo en Quito, con pilares de piedra y
deslumbrando por pasadisos blancos, así como un patio ancho de piedra que
tiene una fuente tallada magnífica de piedra en el centro, con una
figura de Neptuno. Hay varios rincón pintados en los pasillos del
claustro. En el claustro superior hay una serie de pinturas que
representan la vida de Sto. Francis Xavier, que fue pintado
por el gran maestro jesuita, el Hermano Hernando de la Cruz.
En el claustro, uno puede entrar la biblioteca, que
es uno de los lugares mas hermoso en el nuevo mundo, con sus dos pisos y sus paredes
cubiertos con libros antiguos salta en el pergamino o con sus espinas
dorsales cubrierto en oro. El Museo deberá ser encontrado en el
segundo claustro, junto con la célula del prioridad, decorado,
aparentemente, por Manuel Samaniego. Hay también pinturas por Miguel
de Santiago, Nicolás Gorábar, Bernardo Rodríguez y Manuel Samaniego,
así como muchas joyas curiosas.
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