Iglesia Santo Domingo
Aunque
llegaron a Quito en 1541, sólo en 1580 comenzaron los dominicanos a
construir su templo, con planos y dirección de Francisco Becerra, el
arquitecto extremeño. La obra total se llevó a término en la primera
mitad del siglo XVII. Junto a la iglesia, del lado del evangelio, se
puso capilla aparte para Nuestra Señora del Rosario, en la que más tarde
se fundó la más importante cofradía de la ciudad. Iglesia y capilla se
adornaron con artesonados bien labrados, ricos retablos, imágenes de
bulto y lienzos.
De esa primitiva riqueza, en el templo queda poco:
apenas el artesonado mudéjar. No así en la capilla del Rosario, con su
retablo del más abigarrado rococó, su decoración con tallas doradas
sobre fondo rojo, las columnas con original mezcla de elementos
vegetales y antropomórficos y los complicados frontones con sus remates,
todo lo cual completa un conjunto de rara plenitud ornamental.
Desde 1586 trabajó en Santo Domingo fray Pedro Bedón,
a quien puede tenerse por el fundador de la Escuela Quiteña de pintura.
Para iglesia y convento el habilísimo fraile talló y pintó obras que aún
pueden admirarse, como el óleo de San Nicolás de Tolentino, o el
altorrelieve del Beato Reginaldo recibiendo el escapulario de dominico,
de manos de la Virgen, preciosamente policromado en oro.
También
en los primeros tiempos Diego de Robles, toledano, autor de las imágenes
de la Virgen más veneradas la de
Guápulo y la
del Quinche, talló para el coro los altorrelieves de San Pío V y San
Antonio de Florencia, que hoy pueden verse en el museo Dominicano, así
como otras tablas.
Más tarde se enriqueció el tesoro dominicano
actualmente recogido en buena parte en el museo situado al lado norte
del claustro bajo- con estupendas piezas de los grandes escultores
quiteños: el Santo Domingo de Guzmán del Padre Carlos, el San Juan de
Dios de Caspicara, el Santo Tomás de Aquino de Legarda. Otras tallas de
iglesia, capillas y convento dominicano nos recuerdan arraigadas
devociones populares quiteñas. Así el bellísimo nacimiento de
Caspicara, con el niño yacente, dulce y profundamente dormido, y la
Virgen y San José guardando su sueño, tiernos y absortos las dos
piezas de riquísimo estofado. Así la Virgen de la Leche, virgen mestiza
de rostro grave y hondo. Y la Virgen de la Aurora, tan sacada en las
procesiones del alba, llamadas "Rosario de la Aurora".
El convento tiene un claustro con hermoso primer piso de robustas
columnas octogonales y arcos, en torno al alegre jardín.
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